Hay pequeños hábitos que parecen inofensivos hasta que empiezan a afectar nuestras uñas.
- Usarlas para abrir cosas.
Una uña no es una herramienta. Abrir latas, despegar etiquetas o hacer palanca puede provocar pequeñas fracturas. - Arrancar el gel o producto.
Puede parecer satisfactorio, pero al hacerlo también puedes retirar capas superficiales de la uña natural. - Morderlas constantemente.
Además de modificar su forma, puede irritar la piel alrededor. - Cortar demasiado las cutículas.
La cutícula cumple una función protectora. Retirar más de lo necesario puede sensibilizar la zona. - Ignorar un levantamiento.
Si notas que el producto comienza a separarse, lo mejor es revisarlo antes de seguir manipulándolo. - No hidratar las manos ni cutículas.
La piel alrededor de las uñas también necesita cuidados constantes. - Esperar demasiado entre mantenimientos.
Mientras la uña crece, cambia el punto de equilibrio del producto y pueden aparecer molestias o desprendimientos.
¿Cuántas de estas haces sin darte cuenta?
Tus uñas probablemente te agradecerán dejar al menos una desde hoy.
